| Posted on March 1, 2010 at 10:45 AM |
LA INTELIGENCIA DE LAS EMOCIONES
Amable lector, dice el Maestro que la necesidad de controlar y vigilar los pensamientos no puede ser subrayada demasiado, pues el dominio de los sentimientos y emociones juega el papel más importante en la vida para mantener el equilibrio mental, salud, éxito y logros en los asuntos mundanos o del ser personal de cada individuo. Los sentimientos son estados de ánimo del ánima, del alma, y las emociones son los sentimientos exteriorizados.
El ser humano no ha sido capaz todavía de hacer que la razón rija su vida, vive sumergido continuamente en un mar de pasiones, en un mar de sentimientos contrarios, que son en definitiva los que marcan el rumbo de sus vidas. Los seres humanos no han aprendido aún a guiarse por el razonamiento y lo hacen por sus emociones o sentimientos. La eterna lucha entre lo que se debe hacer y lo que se desea hacer es una realidad, tanto en el hombre como en el gobierno de los pueblos. El planeta tierra es un salón de clases para el desarrollo de la naturaleza emocional, cuando la corriente de vida ha alcanzado la maestría sobre la naturaleza del sentimiento, se gradúa.
En general existen dos tipos de emociones, las inferiores y las superiores. Las emociones inferiores se procesan en el plexo solar y las superiores en el corazón. El sentimiento discordante es lo que produce la vejez, la desintegración, falta de memoria, etc. El sentido estético, la apreciación del arte, la mística, etc., son necesarios para cultivar el centro emocional superior, la intuición.
Una buena parte del conocimiento metafísico puede ser expresado a través del lenguaje, pero el lenguaje tiene sus limitaciones. Aquel que pretenda alcanzar las altas cimas del conocimiento espiritual, debe desarrollar el centro emocional superior que es la intuición, y para ello es preciso desarrollar la capacidad de síntesis.
El alma es el conjunto de deseos, y cuando un deseo no es satisfecho el alma sufre y padece. El dolor y el sufrimiento surgen por los deseos no satisfechos. El sufrimiento y dolor cesan cuando el deseo que lo causa es vencido y solamente en este estado se puede llegar a la Mágica Presencia Yo Soy.
Cuando el niño ha visto la luz y sus pulmones empiezan a aspirar el aire de la tierra, inmediatamente la nueva sustancia penetra en él y empieza a conformar su cuerpo de deseos que lo acompañará a lo largo de su vida. Durante los primeros meses el niño aún vive internamente de manera intensa. Las sensaciones que percibe a través de sus cinco sentidos son una pequeña parte de toda su riqueza interior, su conciencia aún percibe los estímulos provenientes de su Ser. Con el tiempo, su conciencia del Ser que estaba centrada en sus cuerpos superiores inicia lentamente ese viaje hacia la tierra, donde poco a poco los estímulos sensoriales la van atrapando. Las palabras que sus hermanos y sus padres le dirigen van creando una conciencia humana, olvidando sus nexos espirituales. El aprendizaje que la familia le va dando, le permite interaccionar con sus hermanos terrestres y olvida gradualmente su vida espiritual interna, el Ser espiritual entra en una dulce inconciencia y se sumerge, tratando de percibir con la mayor rapidez posible todos los estímulos provenientes del mundo exterior. Su tarea consiste en llegar a dominar al cuerpo físico que ha adquirido y empezar a trabajar en la comunicación tanto verbal como no verbal. El niño empieza a responder a los estímulos que sus padres le mandan. El Ser espiritual está acostumbrado a vivir en un mundo en donde las palabras sobran, en donde los razonamientos no son necesarios, en donde la comunicación es instantánea y en ocasiones resulta innecesaria. Ahora debe aprender que existe todo un proceso para comunicarse. Dicho aprendizaje lleva tiempo, pero el niño descubre lo rico de las sensaciones de su cuerpo y se llena de curiosidad por explorarlas de una manera total. El proceso de la encarnación está completa, la mente del niño se encuentra en formación, la conciencia espiritual a pasado a segundo término y se encuentra totalmente adormecida y entonces empieza la educación infantil, el entrenamiento que los adultos proporcionan a sus hijos para hacerlos seres útiles a la sociedad, pero inútiles para la vida del espíritu. La verdadera educación debe estar orientada para que de una manera integrada el ser pueda ir creciendo, plenamente consciente de que es un Ser espiritual que se encuentra de paso por la tierra.
Una vez que la conciencia astral ha descendido y tomado el cuerpo físico como vehículo, empieza a trabajar a través de las sensaciones que percibe del mundo exterior. Así como recibimos impresiones de las experiencias externas mediante los cinco sentidos y son archivadas en la memoria, para ser utilizadas posteriormente en asociaciones que dan vida al proceso mental normal de todo ser humano, existen otro tipo de impresiones que no son precisamente registradas por el cerebro, sino por el alma. El ser humano forma argumentos intelectuales y emocionales, y aún cuando no distingue entre ambos y las palabras están siempre cargadas o matizadas de emociones, el proceso de asimilación y acumulación de experiencias se da en dos fases. El lenguaje y las ideas que encierran los conceptos y la forma de razonamiento son acumuladas por la mente de la persona, pero las emociones que muchas veces no son expresadas en palabras, sino en caricias, en miradas, en abrazos o en besos, esas son registradas en el alma del ser humano. Mientras el cerebro acumula datos, fechas, nombres y conceptos para ser utilizados mediante el lenguaje, el alma asimila el lenguaje del amor, el lenguaje de las caricias, el lenguaje de los actos que hablan directamente al alma, por esta razón es que existen tantos conflictos entre los seres humanos.
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