MENSAJE RECIBIDO EN 1980
Maestro Sananda:
Queridos hermanos:
Que el amor que siento por la humanidad sea compartido por todos ustedes y encuentren en él la energía que los mueva cada segundo de su existencia.
En la vida de un planeta hay momentos de gozo, de tristeza, de angustia, de expectación y en esta hora en que nuestra Amada Madre la Tierra se está preparando para el advenimiento de un nuevo ser cósmico, es nuestra obligación como seres conscientes de luz auxiliarla en los trabajos de parto.
Este Gran Ser que ha prestado su materia para que cada uno de nosotros pudiéramos cumplir con la Voluntad de nuestro Padre, ahora necesita de nuestra ayuda.
Este Gran Ser que hoy mira al cielo entreviendo un nuevo horizonte y recibiendo ya los albores de un futuro glorioso, está pasando por los momentos difíciles de este nuevo nacimiento.
¿Sienten este gran amor por su Madre?, ¿lo sienten realmente? ¿Captan en sí mismos esos hilos de fluidos energéticos que los conectan desde su plexo solar y desde su plexo sacro, con el corazón mismo de la Tierra? ¿Son capaces de sentir ese Gran Amor que Ella les manda? Si lo son, entonces pido para Ella una profunda bendición, un profundo sentimiento de agradecimiento de parte de todos nosotros, porque si antes Ella ha colaborado de manera fiel y diligente con todos nuestros trabajos, hoy es Ella la que está demandando de nosotros algunas pequeñas cosas que para Ella son indispensables.
Si fuéramos conscientes de los esfuerzos que está haciendo Ella por evitar un cataclismo de magnitudes mundiales; si fuéramos conscientes de ese Gran Amor que está continuamente enviándonos y de la heroica resistencia que está haciendo para evitar perturbar nuestra vida cotidiana, entenderíamos lo que su Amor representa para la humanidad.
Así como a los seres humanos se les presta atención y ayuda en los momentos difíciles, así a nuestra Amada Madre "La Tierra" se le está prestando ayuda, auxilio, por otros grandes seres cósmicos de su línea de evolución.
Está ahora la Tierra siendo atendida por grandes seres provenientes de los confines más alejados de este universo y la están envolviendo en una suave y dulce inconsciencia que le permita pasar suavemente por esa etapa que está próxima a ocurrir.
A nosotros nos corresponde hacer un trabajo.
El trabajo es llenarla de amor, con un amor profundo que nazca de la conciencia misma del ser, que nazca no de la personalidad que es únicamente un fruto efímero y que dura corto período de tiempo en la Tierra, sino de la conciencia espiritual de alguien que sabe que por miles y miles de años ha estado utilizando este divino cuerpo para su evolución espiritual.
Veamos a nuestra Amada Madre Tierra como el ser que nos cobijó que nos dio calor y nos permitió trabajar en nuestra propia evolución a través de tantos milenios de años, con ese amor profundo irradiemos hacia Ella toda la energía de que seamos capaces y hagámosla pasar de manera suave a través de esta transición que deberá terminar para el año dos mil.
Hoy es el tiempo en que debemos actuar como una misma conciencia, es el tiempo en que las fuerzas de la luz localizadas en la Tierra nos movamos todos bajo una misma voluntad, que cada quien cumpla con sus respectivas misiones que ya han recibido, que su conciencia actual sea grupal y colectiva alineada a los Propósitos Divinos y al Gran Plan Maestro que después revelaremos.
Que estas palabras sean la guía para estos años. Les dejo mi Amor y mi Bendición a cada uno de ustedes. Que así sea.